divendres, 29 de juliol de 2011

¿Educando o enseñando?

Por Paula Barrientos Reyes, Leticia Jiménez Ruiz,
Rafael Quetglas Tarancón y Ana Sorribes García
,
estudiantes de Teoría y Práctica del Currículum de la EF

¿Qué hacer a la hora de escribir un texto como Estudiantes de último curso de la Licenciatura de Ciencias de la Actividad Física y del deporte? ¿Qué ideas poseemos para actuar como posibles futuros docentes? ¿Nos han transmitido o tenemos la energía necesaria para ser docentes implicados en nuestro trabajo?

Tras largas horas de debates, nos inclinamos por indagar en lo más profundo de la educación en adolescentes, en los menores, en sus actos, en sus delitos, en la ley del menor, en el mundo en el cual crecen, se relacionan, toman ejemplos, experimentan nuevas sensaciones, aprenden, consiguen retos, crean, juegan, aman, odian, sienten, aprueban, suspenden, mejoran…

Somos jóvenes, la riqueza de la sociedad, la energía de ella, pero ¿realmente hacemos lo que debemos? ¿Luchamos por lo que nos interesa? ¿Nos interesamos solamente por aquello que nos atrae la atención? ¿O únicamente intentamos pasar las asignaturas como si de una serie de pruebas a conseguir se tratasen?

Intervención de D. Emilio Calatayud Pérez, Juez de Menores de Granada, en la V Tertulia del Consejo Escolar de La Comunidad de Madrid: “Familia y Escuela ante la Prevención de Conductas de Riesgo” (2006)



Respecto a nuestras filosofías educativas, nos gustaría comentar que pensamos que la labor principal de un docente es la de educar y no únicamente la de enseñar. Por tanto, nuestra idea de cambio se basaría principalmente en este aspecto.

Miramos al pasado, y recordando nuestra experiencia como alumnos, nos percatamos de que la educación como tal, se está llevando a un segundo plano, priorizando la adquisición de contenidos teóricos sobre las diferentes áreas, sin importar muchas veces la transmisión de valores que corresponde inculcar a la escuela.

Nos vienen a la mente muchos recuerdos. ¿Cuántas veces se expulsan a los alumnos para que no entorpezcan el ritmo del resto de la clase, sin importar ni a dónde van ni en qué emplearán ese tiempo? ¿Cuántas otras se discrimina por parte del profesor de Educación Física a aquellos alumnos con mayor dificultad, pasando de ellos y sin importar su trabajo diario, únicamente teniendo en cuenta “la prueba física” de final de trimestre? ¿Con qué objetivo se expulsan a los alumnos durante unos cuantos días sin poder acudir al centro escolar donde estudian? ¿En qué piensan aquellos profesores que fomentan que haya en el aula un ambiente de no respeto e infravaloración hacia ciertos compañeros?

La educación va mucho más allá de las aulas, aunque muchos de los docentes no se percaten de ello. O si no... ¿Cómo es posible que existan en la sociedad de hoy en día adolescentes que comenten delitos de manera repetitiva? Violaciones a adolescentes discapacitadas, robos con arma, amenazas hacia compañeros de clase, humillaciones y brutales palizas hacia sus profesores, maltrato hacia los propios padres…

Todo esto está relacionado directamente con el fracaso escolar… y, como dice Emilio Calatayud, juez de menores de Granada, en alguno de sus artículos «el 82% de los chavales con perfil de delincuente tienen fracaso escolar. Hay que luchar contra el fracaso y contra el absentismo escolar». «Hay que buscar alternativas para que el chaval hasta los 16 esté en la escuela. La medida de la expulsión tampoco es una solución», añadía el magistrado. «El fracaso escolar es caldo de cultivo para la delincuencia».

Seremos nosotros los que mayor importancia tengamos sobre su desarrollo y sobre su adquisición de valores. Las personas pasamos una media de 14.000 horas en las aulas. Para dejarlo claro, y aunque suene un poco drástico, seremos nosotros, los profesores, los que tendremos gran parte de responsabilidad en que una persona acabe “bien” o “mal” el día de mañana.

El día de mañana podremos trabajar como profesores y, si es así, deberemos hacerlo con una buena actitud e implicación. ¡Qué fácil es decirlo ahora! La mayor parte del profesorado que trabaja en las aulas, tanto de Educación Física como del resto de asignaturas, posee una preocupación casi única: acabar el curso habiendo impartido todos los contenidos planificados.

Le hemos dado tanta importancia en el texto al trabajo de Emilio Calatayud porque creemos que esta actitud, nada habitual como juez, ha abierto un camino muy positivo en el cambio de conciencia hacia la llamada “delincuencia juvenil”. Además de la reflexión sobre los valores, llevándolos a la práctica, con sus sentencias contribuye a que los adolescentes puedan tener la oportunidad de experimentar el daño que pueden ocasionar, con lo que volvemos a la importancia de las experiencias de las personas en su proceso de aprendizaje.

No se trata de apartar a los alumnos conflictivos para que no molesten ni hagan daño, sino de atreverse a luchar por la integración de éstos en la sociedad actual, consiguiendo que haya una convivencia social armoniosa.

Aquí os dejamos el enlace a la página web donde se puede ver algunas de las sentencias educativas: del juez Emilio Calatayud.