divendres, 11 de gener de 2013

Mi particular proceso de enseñanza

Por Álvaro Cañada Adalid,
estudiante de Metodología de Enseñanza de la AF y el Deporte

No es conveniente elegir siempre el camino más fácil… Sabemos todos que la educación escolar es un proceso distinto para cada uno, no obstante el mío fue cuanto menos “peculiar”. Es lo que tiene nacer en un pueblo de 147 habitantes, que tu colegio sea una sola clase en la que compartes pupitre con niños que son de hasta siete años mayores que tú, que hacen divisiones con decimales a la vez que tú juegas con la plastilina y viceversa…

Terminada esta etapa, cumples 12 años y pasas al pueblo de al lado, el cual tiene un instituto al que acuden niños y niñas de todos los pueblos de alrededor (el cual solo te deja cursar hasta cuarto de E.S.O), además de las sobras de los institutos de la capital de provincia. En primero de la E.S.O. era la segunda mejor nota de mi clase y todos mis profesores decían “es que este chico ha llegado con buena base” pues con esa “buena base” debí quedarme hasta cuarto de la E.S.O. Y poco más…

A medida que avanzaban esos cuatro años vi pasar a mi alrededor a alumnos buenísimos que ahora estudian una carrera (los cuento con los dedos de una mano), otros que obtuvieron su graduado escolar y abandonaron la educación escolar (varios) y otros que se iban quedando estancados en un curso como si éste les gustara demasiado, hasta que se retiraban del instituto vencidos por la propia educación (demasiados). Pero también vi pasar profesores buenísimos (también los cuento con los dedos de un pie) y muchísimos otros que llegaban, pasaban lista, impartían su clase y a las dos y media (como relojes) se marchaban a la ciudad donde residían como buenos funcionarios que son…

El caso es que terminaron mis cuatro años de E.S.O. y el tutor nos reunió a los cuatro o cinco que teníamos alguna aspiración distinta a coger la moto, fumar a escondidas o pelear y grabarlo con el teléfono móvil y sus primeras palabras fueron “si al año que viene suspendéis, tranquilos, el bachillerato no hay porque sacarlo en dos años, además no es vuestra culpa, no os pueden exigir lo mismo que a los demás ya que os falta base…” estas palabras cuyo propósito era que yo careciera de presión, casi hicieron que perdiese las ganas de enfrentarme a aquello que al parecer no estaba a mi alcance… pero en lugar de eso, me sirvieron de motivación cuando lo más fácil hubiera sido hacerme el zoquete y no intentar ponerme a la altura del resto. Pues saque el bachiller en mis dos años sin saber lo que es un suspenso, actualmente curso la mejor carrera del mundo (sin doparme ni nada) y aquí no creo que sea ni mucho más ni mucho menos que ninguno, simplemente diferente, como así ha sido mi educación.

Dice Daniel Pennac en su libro Mal de escuela, que “esto no hay quien lo arregle” (refiriéndose al actual sistema de educación), y yo creo que no es cuestión de ir pasándose la pelota los unos a los otros (quien tiene base y quien no y por qué… tonterías) porque esto no es culpa del ministro, ni del profesor de universidad, de instituto, del maestro de colegio, ni de padres o alumnos, esto es problema de todos y por lo tanto todos debemos arreglarlo. Porque como decía un gran profesor mío: “en una clase sobra el que no va a aprender, pero también el que no va a enseñar”.

Todos podemos ser zoquetes… Pero todos podemos dejar de serlo.

9 comentaris:

MARCOS CAMPOS GIMENEZ ha dit...

En primer lugar me gustaría decir que me ha parecido muy original el post de Álvaro, exponiéndonos un ejemplo de un proceso de educación, y en particular interesantísima la crítica final a nuestro sistema de educación.
Comparto plenamente su opinión y frase final “en una clase sobra el que no va a aprender, pero también el que no va a enseñar”. Pienso que es muchas veces los profesores no se implican lo suficientemente en el proceso de aprendizaje de sus alumnos, no se los motivos, pienso que la falta de motivación en ellos, pero a veces observas actitudes en los profesores, no solo a nivel de secundaria ni primaria, incluso a nivel universitario, en la cual ves profesores que lo único a lo cual se limitan es a ir a sus clases, transmitir sus conocimientos a sus alumnos, aportarles información y luego evaluarlos a través de un examen. No se preocupan ni buscan nuevas estrategias a través de las cuales intentar motivar a sus alumnos, ni intentar que acudan a las clases con asiduidad, nada, solo se limitan únicamente a cumplir sus obligaciones de manera justísima. Con esto no digo que no sea correcto, sino que pienso que las modificaciones que se han realizado últimamente en nuestro sistema educativo intentaban fomentar el método inductivo, es decir, aquel que va de lo particular a lo general, que parte de los hechos para intentar llegar a las generalizaciones, donde lo más importante es EL PROCESO DE EXPERIMENTACIÓN de los alumnos para adquirir sus conocimientos; y algunos de los profesores no lo tienen esto en cuenta y siguen con unos métodos más antiguos (que no digo que no sean eficaces) pero que rápidamente muestran el desajuste y falta de coordinación y comunicación entre los que se encargan de la educación de los alumnos a todos los niveles en nuestro país.
También tengo que decir que esto no es culpa única, y exclusivamente de los profesores, ni mucho menos, pienso que nosotros, los alumnos también tenemos igual o más culpa incluso que ellos, porque únicamente buscamos el camino más simple, y no el mejor camino, únicamente intentamos llegar a nuestro objetivo de la manera más rápida y fácil posible, buscamos únicamente aprobar, y no adquirir el mayor número de conocimientos posibles. Pienso que este es uno de los principales problemas de nuestra sociedad a nivel educativo, muy difícil de solucionar…

Sergio González ha dit...

Genial historia la de mi amigo Álvaro. Por suerte, yo también he podido vivir en primera persona la educación en la ciudad y la educación en un ámbito rural reducido, pero en mi caso de manera voluntaria: yo tenía mi residencia en la capital pero aprovechaba cualquier festivo para desplazarme a mi también humilde pueblo para encontrarme con mis amigos. La peculiaridad era que mientras yo tenía fiesta en mi colegio, ellos no. Con esto, a modo de guardería, mis padres aprovechaban para dejarme muchas veces en el colegio del pueblo junto a mis amigos, donde todo era como una familia y esto no suponía ningún inconveniente. Ello me sirvió para comparar al igual que mi amigo Álvaro una forma y otra de docencia.

Quería resaltar la capacidad de estos profesores de la periferia o el ámbito rural, en ocasiones reservas o descartes de los centros de la capital, en ocasiones naturales del municipio. Profesores que me gustaría destacar por su capacidad para adaptarse a la individualidad de cada alumno o a las distintas etapas de aprendizaje en una misma clase. No haría falta demostrar que si el trabajo se hace bien, el resultado es posible.

Por ello me vengo a plantear lo siguiente: si estos profesores son capaces de individualizar el trabajo de manera eficaz, ¿no sería más fácil individualizar el contenido y metodología en clases de alumnos de la misma etapa de aprendizaje (ámbito urbano)? Esto implicaría siempre una actitud extra por parte de los profesores, más allá del algún ejemplo de actuación que menciona Marcos como ajustarse a su trabajo.

Esta individualización podría llegar a estructurar el sistema educativo en niveles más allá del madurativo (edad). Con una visión futurista, tal vez llegue el día en que los alumnos sean agrupados en función de su talento o capacidad de aprendizaje, motivación, experiencia, o metodología y medios afines, condicionantes estos que influyen en el proceso de aprendizaje de los alumnos.

Otra particularidad que me viene al caso con este post es el sistema que tiene el sistema educativoo de reorganizar a un alumno en un “nivel más adecuado”, como es la dramática noticia de repetir curso. Muchas veces vemos que estos alumnos repetidores siguen quedándose atrás en su nueva clase pese a la repetición de contenidos. Por ello tal vez no sea justa esta “reorganización del alumno”, pues se trate más bien de un tipo distinto de motivación o metodología la que este necesite y no una falta de nivel para adoptar aquellos contenidos. Lo ideal sería poder captar estos condicionantes rápidamente para poder individualizar el proceso sin necesidad de apartar al alumno de su grupo socio-afectivo habitual.

antoni soler navarro ha dit...

En primer lloc felicitar al meu company pel fantàstic post que ha escrit. Jo quasi tinc la mateixa experiència que ell, és a dir, jo soc d'un poble petit (encara que un poc més que el teu, uns 2000 habitants), nosaltres si que teníem cada curs la seua classe i el seu mestre/a. Però el que em resulta familiar al teu cas, és que al igual que et va passar jo també puc contar amb els dits de la meua mà els companys d’aquella classe que estan estudiant una carrera universitària. Se que és trist, que de 18 xiquets que érem aleshores, ara sols 5 seguim estudiant. I no és que la majoria es deixara els estudis per a poder treballar (sols 1 cas o 2), sinó que se’ls deixaren per no fer res, per estar en casa gitats en el sofà, per eixir amb altra gent igual que ells per poder fumar d’amagades...
Amb açò no estic dient que els que ho feren foren males persones, ni tampoc estic tirant-los la culpa a ells, ni (al igual que el teu cas) al ministre, al professor, als pares. Açò és culpa d’una societat que esta deixant cada vegada més apartada l’educació i que prefereixen desenvolupar altres facetes com l’economia entre altres. Però no es donen compte que la base d’una societat civilitzada és L’EDUCACIÓ.

Fernando Amorós Cantos ha dit...

Muy interesante la experiencia que Álvaro nos presenta en su post. La verdad que esta historia te hace reflexionar acerca de las causas del fracaso escolar en nuestro sistema educativo, es simplemente un ejemplo más de que algo falla en este. Las causas son un cúmulo de factores como por ejemplo la poca motivación de algunos profesores en la profesión que ejercen, la poca motivación de los alumnos por aprender, la incomprensión del profesorado con este tipo de alumnos…

Me sorprende el hecho que menciona Álvaro, de que la mayoría alumnos que acuden a escuelas de entornos rurales muestran una formación mayor y una mayor motivación que el resto de alumnos por aprender. Puede ser debido a la individualización del alumnado, lo que hace que este no pierda la motivación por aprender al ser el foco central de la enseñanza del profesor. ¿Sería una posibilidad llevar a cabo un proceso de individualización con aquellos alumnos que presentan mayores dificultades con su aprendizaje? En mi opinión es una buena opción puesto que un profesor motivado en realizar bien su trabajo (motivado a enseñar), podría ser capaz de ver que es lo que realmente le pasa a ese alumno que pierde rendimiento cuando está en una clase de treinta alumnos. Aquí entra en juego la teoría de las inteligencias múltiples de Howard Gadner que establece un modelo donde la inteligencia no es vista como algo unitario (que agrupa diferentes capacidades específicas con distinto nivel de generalidad) sino como un conjunto de inteligencias múltiples, distintas e independientes (inteligencia matemática, inteligencia lingüística, inteligencia interpersonal, inteligencia corporal cinética…). Por todo esto Gadner nos dice que es evidente que los alumnos no aprenden de la misma manera y un mismo contenido se puede presentar de formas muy diversas que permitan al alumno asimilarlo partiendo de sus capacidades y aprovechando sus puntos fuertes. Esto es un punto clave que se debería tener en cuenta en nuestro sistema educativo y que serviría de gran ayuda para erradicar el fracaso escolar.

Por último quisiera mencionar el papel de los profesores con la frase que menciona Álvaro al final del post “en una clase sobra el que no va a aprender, pero también sobra el que no va a enseñar”, por ello en mi opinión un profesor debe estar motivado en su trabajo, puesto que solo de esta manera podrá transmitir algo más que aquello que está enseñando a sus alumnos, pues estos podrán llegar a contagiarse de esta motivación que hará que el aprendizaje sea mucho mayor.

Francisco Sánchez Folgado ha dit...

En primer lugar, me quedo con la frase final del post: “en una clase sobra el que no va a aprender, pero también el que no va a enseñar”. Si analizamos esta frase a fondo, todos sabemos que en el instituto siempre había un grupito de personas que no quería hacer nada ni aprender nada, ya no buenas o malas, sino simplemente no interesadas en aprender. Si nos paramos a pensar, ¿qué hacían dentro de la clase? Molestar y retrasar a la gente interesada en aprender algo nuevo. Lógicamente esta gente tiene una gran parte de la culpa, pero quizá no la tengan toda. ¿Por qué? Porque la ley obliga tener que asistir a clase hasta los 16 años, quieras aprender o no. Por tanto no tienen otra opción que asistir a clase.

Recuerdo en mis años de la ESO que en los primeros cursos los profesores tenían que enfrentarse a todo tipo de personas que realmente no querían estudiar, les obligaban a algo que no querían. En los cursos siguientes, ya sobre 4º de la ESO, empezaron a hacer clases especiales donde se tenía a la gente que no quería proseguir con sus estudios, esperando a que cumplieran los 16 años para poder dejarlos libres.

Yo no estoy criticando esta ley de educación obligatoria hasta los 16 años, solo quiero que se reflexione, porque si hay gente que no quiere estudiar, está obligada a ello contra su voluntad. Aunque tampoco me parece correcto que con 12 años se pueda decidir, pero con 14 o 15 años la cosa puede cambiar.

Analizando la misma frase, destacamos que “…también sobra el que no va a enseñar”. Si se piensa en los profesores que se ha tenido en la educación secundaria, siempre habrán habido unos que han gustado más o menos, pero sobre todo, siempre ha habido ese profesor “de la vieja escuela” rozando la jubilación. A mí me tocó el profesor de Educación Física, digo profesor, pero si dijera el profesor de correr en el patio y deporte libre, sería lo mismo. No crítico que sus estudios hayan sido en otra época, crítico el por qué no se ha interesado en ver nuevos métodos, en intentar progresar. Desde 3º de la ESO hasta 2º Bachillerato me tocó dicho profesor en Educación Física, y creedme cuando os digo que desde 3º de la ESO hasta 2º Bachillerato hicimos el mismo plan de enseñanza, 4 años haciendo lo mismo… En el primer trimestre, un día a correr y el otro deporte libre, en el segundo un día “baloncesto” (libre, sin explicar reglamento, ni técnica, ni táctica) y otro día deporte libre y en el tercer trimestre un día balonmano (libre) y otro día deporte libre, y así durante 4 años, a excepción de 2º de Bachillerato que había un día más de educación física donde se dejaba en deporte libre.

Cuando en mi clase comenté que quería estudiar educación física, lógicamente me decían que estaba loco, que después de tanto estudiar iba a malgastar mi vida en estudiar algo así. Pero yo sabía que la Educación Física no se le limitaba a lo que este profesor nos había “enseñado”.

Como conclusión, recalcar que todo esto, es un claro reflejo de que la educación necesita un cambio, tanto los alumnos que no quieren estudiar, como los profesores que están quemados con su trabajo y no quieren enseñar, son un problema que repercute en la educación de la sociedad.

“Nunca consideres el estudio como una obligación, sino como una oportunidad para penetrar en el bello y maravilloso mundo del saber” (Albert Einstein).

Vicent Grau Romero ha dit...

En primer lloc felicitar a Alvaro per la seua genialitat de presentar un post sobre el seu procés d’ensenyança, jo també puc dir això perquè jo he passat per la guarderia, passant a un col•legi i després a un institut i tot eren nous persones o casi els mateixos però uns quants més, però no puc dir que he eixit del meu poble per anar un institut (el meu poble consta de 7000 habitants), ja que en el meu poble hi ha un institut, el que conta Alvaro, jo ho he vist amb els meus propis ulls, en el meu cas a sigut un poc diferent en principi tot augmentava el nombre de xiquets a les classes de primària i secundària, quant arribem a l’ESO anàvem a més almenys érem 3 classes de uns 30 persones en 1º i 2º de l’ESO, en 3º i 4º la cosa canvia molt érem 2 classes de 25 persones aproximadament, i el batxiller també el feien al mateix lloc impartint les mateixes classes repartides, però venien de altres col•legis que en fi pocs d’ells han completat el batxiller.
Puc dir que al arribar a 3 de l’ESO, la gran majoria de la gent se n’anà per les poques ganes d’estudiar i dedicar a buscar faena, i en el batxiller encara que venint gent de altres col•legis puc dir que aproximadament de 25 persones que vingueren de altres llocs aproximadament uns 6 o 7 persones han passat el batxiller i ara estan cursant algun superior o una carrera, els demes han repetit o inclús s’han retirat.
També he viscut quasi la gran part de l’època escolar en la mateixa colla i puc dir que ara mateixa tan sols hi ha 6 persones cursant carrera. Alguns amics de la meua colla es penedeixen de no haver acabat la ESO o de no arribar a un propòsit com fer algun mòdul mitja o superior, i han tingut que iniciar de nou per poder arribar al propòsit en el que volen arribar.
Es una historia molt trista que passen aquestes coses, i es que la nostra societat parèixer que no entén de la importància que es l’educació per iniciar com a base d’una civilització.

César Morón ha dit...

Después de leer la entrada y los comentarios de mis compañeros me gustaría aportar mi punto de vista, ya que aunque yo estudié en Valencia, fue por decisión de mis padres ya que en mi pueblo (150 habitantes) hay una pequeña escuela en la que podría haber estudiado y a la que asistieron algunos amigos del pueblo.
En primer lugar, pienso que la enseñanza en estas escuelas reducidas tiene cosas positivas y negativas.
Por una parte, se puede decir que el ritmo de aprendizaje lo marca el propio alumno, al ser la enseñanza más personalizada, pudiendo el profesor hacer más énfasis en las asignaturas que se le dan peor a cada alumno, y deteniéndose en las dificultades que cada uno va teniendo, (por lo menos en mi pueblo, que la escuela es solo una clase de unos 15 alumnos), aunque por otro lado, al centrarse el profesor en los alumnos con problemas, puede provocar que se ralentice el avance de los alumnos mayores o más aventajados, aunque esto también depende de la organización del profesor.
Por otro lado, el hecho de estar en un medio rural, es muy positivo para poder realizar excursiones con bastante frecuencia, en las que se puede utilizar la naturaleza para enseñar algunos contenidos de la materia de una forma diferente y más atractiva para el alumno, y como no hay prácticamente coches se pueden realizar muchas actividades al aire libre todas las semanas, lo que motiva al alumno a querer ir a la escuela. Y esto son posibilidades que no tenemos en la ciudad.
Aunque sí que es verdad, que esa posibilidad de estar por la calle desde muy pequeños también esta una vez acabada la escuela, por lo que los niños muchas veces pasan todo el día jugando por la calle después de la escuela, yendo a casa a la hora de cenar, y si los padres no se implican en obligar a estudiar al niño desde pequeño, cosa que no suele pasar, los niños no cogen ese hábito, por lo que cuando crecen, no quieren estudiar debido a que están acostumbrados a estar todo el día por la calle, y esto provoca que se dejen los estudios muy pronto.
El problema del abandono de estudios, hay que decir que la culpa mayoritaria es de los padres, ya que muchas veces como ellos tampoco estudiaron, se creen que sus hijos no lo van a necesitar para poder vivir en el pueblo, aunque no piensan en las necesidades que éstos puedan tener en un futuro y que esa decisión deberían tomarla sus hijos y no ellos, aunque lo hagan inconscientemente.
Para concluir diré que esto es lo que yo he observado en mi pueblo, y que no se puede generalizar a todos los pueblos, y tampoco ocurre en todos los niños de mi pueblo pero si en la mayoría sinceramente, y es una lástima ya que el potencial de muchos niños se queda sin explotar.

Alicia Martí ha dit...

Me ha parecido muy interesante que nuestro compañero Álvaro Cañada nos cuente su experiencia en las escuelas rurales puesto es una experiencia totalmente distinta a la mía, que estudié en un colegio de ciudad.
En los colegios rurales, los profesores deben lidiar con unos alumnos que tienen edades y características muy diferentes y este hecho provoca que los profesores deban adaptarse a lo que tienen delante, aunque como ha dicho mi compañero, unos se implican más y otros menos.
Pero en general podría decirse que la escuela rural educa, instruye y forma a los alumnos de una forma diversificada y plural. Lo cual es algo que no estaría de más en las escuelas de ciudad, donde los alumnos también presentan características individuales pero se les educa "en serie" siguiendo con todos el mismo patrón.
Sin embargo, esta diversidad, si no se dispone de medios para trabajarla, puede llevar a un desperdicio del potencial de los alumnos. Como dice el artículo, son muy pocos los que llegan al bachiller y a la universidad en condiciones.
Según la nueva ley de las escuelas rurales, los colegios que no cumplan con un mínimo de cinco alumnos deberán cerrar, y esto tiene dos consecuencias; que cada mañana los niños tengan que desplazarse grandes distancias para ir a la escuela de al lado. Y que las familias con niños abandonen el pueblo, provocando la despoblación de éste.
Como conclusión, creo que las escuelas rurales deberían potenciarse y recibir más medios y profesorado, en vez de cerrarlas; y que no debería considerarse a sus alumnos como torpes o incapaces de llegar a otro nivel puesto que nos ha quedado demostrado que si quieres, puedes.

Luis Pla ha dit...

Al igual que muchos otros de mis compañeros, yo también realicé en un pueblo pequeño las primeras fases de mi proceso de enseñanza aprendizaje. De lo que más recuerdo es la gran variedad de excursiones y actividades que realizábamos al aire libre que tanto nos gustaban y que eran debatidas al día siguiente a fin de analizar los contenidos adquiridos y los valores que intentaban inculcarnos.

Creces con los mismos compañeros, guardería, infantil, preescolar y estudios primarios. Hasta aquí todos llevamos el mismo ritmo aproximadamente, después vienen los estudios secundarios (ESO) en los que poco a poco vas viendo a tus compañeros descolgarse. Como ya se ha dicho los alumnos no se dejaban el instituto por irse a trabajar o para estudiar algo diferente, sino que se dejaban los estudios para poder disfrutar del tiempo a su antojo.

Las causas de este abandono escolar que siempre ha preocupado, es que los alumnos cuando llegan a la ESO se encuentran con gran variedad de nuevas compañías, con lo cual ven la ocasión perfecta para tener nuevas sensaciones o para imitar la persona que desean ser. Sumado a esto va la incompetencia de la mayoría de los profesores que se encargan de llegar a clase, pasar lista e impartir una serie de conceptos, si más.
Así pues los alumnos se encuentran en un clima nada motivador para la consecución de su proceso de enseñanza aprendizaje en el que los profesores debieran de encargarse de enseñarles todas las posibilidades existentes a los alumnos.
Creo que de esta manera muchos de los alumnos que hoy en día se dejan los estudios encontrarían aquella tarea que les gustara, se centrarían en ello y conseguirían la motivación necesaria para continuar con su proceso de enseñanza aprendizaje.