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divendres, 29 de juliol del 2011

¿Todo cambio implica mejora?

Por Amalia del Valle Cebrián, Elena López Cañada y
Mª José Porcar
Orihuela,
estudiantes de Teoría y Práctica del Currículum de la EF

Cuando hablamos de innovación nos vienen a la cabeza distintos conceptos como son los de novedad, invento, cambio, progreso, e incluso mejora, pero… ¿Realmente obtenemos mejoras cuando innovamos en nuestras clases?

Desde el inicio de la elaboración de este trabajo se nos ocurre una cuestión considerablemente importante: ¿Qué es realmente innovar? En los últimos años, con la llegada masiva de nuevas tecnologías, han aparecido en las aulas distintos materiales nuevos que intentan provocar un cambio en el proceso de enseñanza para mejorar el aprendizaje, como pizarras digitales, presencia de ordenadores individuales, uso de materiales audiovisuales, etc. Estos aspectos de innovación nos guían hacia un mundo virtual que cada vez es más amplio y que en ciertos aspectos es tan nuevo para alumnos como para profesores. El dilema lo encontramos cuando debatimos si estos métodos favorecen el proceso de enseñanza-aprendizaje en la educación escolar o por el contrario lo estanca o complica.

Una vez centrados en las clases de Educación Física, podemos encontrar en este sentido novedades o cambios en cuanto a la utilización de materiales tecnológicos, como la Nintendo Wii, la Eye Toy o la Xbox, que permiten al jugador realizar movimientos activos con la utilización de todo el cuerpo adentrándose en un mundo virtual. Pero, ¿realmente se utilizan estas tecnologías en las clases de Educación Física? Y si es así ¿son eficientes? ¿Se llegarían a lograr los objetivos marcados en estas clases con los videojuegos? ¿Podrían cambiarse los patios de las escuelas por un aula llena de videoconsolas?

Un ejemplo reciente lo encontramos en varios centros británicos de la ciudad de Worcestershire, que han incorporado consolas Wii en sus clases de Educación Física. Esta iniciativa se llevó a cabo debido a la poca atención que ofrecían los jóvenes hacia el ejercicio físico en la escuela. Se piensa que este cambio ofrece una solución para que los alumnos ejerciten su cuerpo, ya que de esta manera se produce un importante gasto calórico que ayuda a reducir el porcentaje de obesidad infantil, el cual es muy elevado actualmente. La decisión tomada por estos centros ha recibido el reconocimiento del organismo Youth Sports Trust, que admite que con este proyecto se puede conseguir un aumento de la participación de los jóvenes en actividades físicas.

Pero lo cierto es que hay estudios, como el realizado por la Universidad John Moore de Liverpool, que demuestra que la pérdida calórica ofrecida por estos aparatos es ínfima en comparación con el ejercicio físico o deporte real. A pesar de reconocer que los videojuegos estimulan la práctica física y, de este modo, ayuda a combatir la obesidad y sobrepeso infantil, este estudio afirma la necesidad de realizar una hora de práctica física real diaria para conseguir un gasto calórico elevado. Por tanto, no es sustituible la utilización de dichos aparatos por la práctica deportiva real.

Por otra parte, hay que tener en cuenta otros aspectos de la Educación Física, ¿qué ocurría con los valores intrínsecos y extrínsecos de las clases si las hiciéramos con videojuegos? Con estas nuevas tecnologías podemos motivar a los niños si los profesores no lo logran, pueden participar de manera más activa en las clases, incluso pueden practicar en casa, pero desaparecen muchos otros aspectos que son tanto o más importantes que los citados anteriormente como la cooperación, el compañerismo, la deportividad, la búsqueda del fair play, etc., y por tanto no cumplen todos los objetivos que existen actualmente en el currículum de dicha asignatura.

Con todo esto no queremos decir que el uso de videojuegos en los que se practica deporte de forma activa sea perjudicial para la salud sino que, tal y como comenta el artículo Los videojuegos activos y la salud de los jóvenes: Revisión de la investigación, de Vicente J. Beltrán, Alexandra Valencia y J. Pere Molina, es necesario analizarlos detenidamente y utilizarlos de forma consecuente con la práctica física, de manera que desarrollemos las clases obteniendo los beneficios deseados dentro del ámbito escolar.

Así pues, del mismo modo que el resto de actividades físicas en los videojuegos, es importante realizar los ejercicios con una buena higiene postural con tal de evitar lesiones. También es muy importante activar el organismo para producir adaptaciones en el mismo, es decir, es necesario que la actividad realizada tenga un mínimo de dinamismo para el organismo para que se provoquen mejoras en el niño y así cumplir los objetivos preestablecidos en la Educación Física.

Con todo lo dicho anteriormente, lo recomendable sería utilizar estas nuevas tecnologías en el caso de existir una desmotivación por parte de los alumnos y siempre combinándolas con sesiones tradicionales en las que, como hemos citado, ofrezcan una serie de valores que nunca nos proporcionaría un videojuego.



Referencias bibliográficas:
Beltrán, V.J., Valencia, A. y Molina, J.P. (2011). Los videojuegos activos y la salud de los jóvenes: revisión de la investigación. Revista Internacional de Medicina y Ciencias de la Actividad Física y el Deporte. 10, 203-219.

García, E. (2008). Cinco escuelas británicas emplean Wii para evitar la obesidad. Meristation.com.

Martín, J.J. (2007) Jugar con la Wii no es equivalente a practicar deporte. Meristation.com

dijous, 28 de juliol del 2011

Las dificultades de ser transexual en el deporte

Por Amalia del Valle Cebrián, Elena López Cañada, María José Porcar Orihuela, Gema Sanchis Soler y Ana Mar Tortosa Amorós,
estudiantes de Teoría y Práctica del Currículum de la EF

Que el deporte moderno es un ámbito creado por y para hombres es un hecho indiscutible, además es en este campo en el que las diferencias biológicas que existen entre ambos sexos se ven más acentuadas. Hasta hace bien poco, la sociedad en la que vivimos ha defendido no solo que las mujeres eran diferentes a los hombres, si no que éramos inferiores. Así mismo los estereotipos ligados a la feminidad y la masculinidad siguen estando vigentes en nuestro ámbito de actuación, el deporte. De este hecho nace una clasificación que está implícita en la práctica deportiva que separa “deportes para hombres” y “deportes para mujeres”. Los primeros son aquellos que requieren mucho contacto físico y suelen incentivar a los jugadores hacia la agresividad, tales como rugby, fútbol, baloncesto…; mientras que los segundos buscan la estética al practicarlos, deportes gimnásticos en los que, en ocasiones, ni siquiera hay competiciones masculinas oficiales.

Aun con todo, debemos saber que existe otro grupo más desfavorecido: las personas transexuales. A pesar de que la identidad de género tiene que ver con la conciencia de ser hombre o mujer y generalmente coincide con el desarrollo genital externo. En el caso de los transexuales no es tan simple, y hay diferencias entre la identidad de género percibida y el sexo asignado en base a sus genitales.

Existen numerosos casos en el deporte profesional en los que el atleta ha tenido que hacer una elección decisiva: abandonar la práctica deportiva por cambiarse de sexo. Un ejemplo de ello es la atleta Yvonne Buschbaum, pertiguista alemana que anunció su retirada del deporte a pesar de llevar cuatro años entrenando para ir a los Juegos Olímpicos de Pekín, debido a que quería empezar un tratamiento hormonal para convertirse en hombre. Si cuando era mujer ya existía cierta discriminación hacia ella como deportista, aun más ahora que pretende cambiar su sexo. Otro ejemplo, es el de Lana Lawless, campeona transexual en una modalidad de golf en 2008 y a la que le impiden seguir jugando, ya que su sexo de nacimiento no fue el de mujer. Finalmente, cabe destacar la polémica que se desató con el caso de la sudafricana Caster Semenya, campeona del mundo de 800 metros en Berlín (2008), fue sometida a exámenes médicos para determinar con precisión su identidad sexual debido a su portentoso físico y la forma de imponerse a sus rivales, finalmente los resultados obtenidos demuestran que es hermafrodita, pero no se le despojará la medalla conseguida.

En las competiciones se observa una reacción de aversión por parte de sus rivales, ya que interpretan que pueden obtener ventajas en su rendimiento. Pero en todo caso, ¿por qué no pueden seguir practicando deporte a nivel profesional? ¿Por qué se considera hombre en unos aspectos, mujer en otros y en el deporte no tiene cabida? ¿Alguien se plantea la situación personal y afectiva en la que están los atletas expulsados de la competición deportiva por «no ser mujeres u hombres»? Estas cuestiones al igual que otras, carecen de respuesta a día de hoy.

Hasta hace poco no había ninguna regulación que fijara si un deportista debía participar con los de su sexo biológico o con los de su sexo psicosocial (haya realizado o no el tratamiento quirúrgico de cambio de sexo y el cambio registral del sexo en el Registro Civil). Es, tras esta reflexión, cuando planteó el dilema de si podrían tener ventaja sobre los demás deportistas por tener un sexo biológico distinto. En referencia a lo anterior Becerra-Fernández (2003) dice que en este aspecto deberían tener la responsabilidad de decisión las Federaciones Internaciones de cada especialidad deportiva y no los gobiernos los que decidieran las normas a seguir, debido a la unificación en los casos de competiciones internacionales y a la influencia del sexo característica de cada deporte. Pero fue el COI, en 2004, quien contempló expresamente la participación de atletas transexuales cumpliendo unos requisitos mínimos: haber sido sometido a una operación completa de cambio de sexo, reconocimiento legal, tratamiento hormonal aprobado y haber pasado un mínimo de dos años desde el momento de la operación. Pero el problema más destacado no se encuentra en su propia sexualidad sino en la discriminación y marginación que tienen que soportar en el deporte de élite.

Así pues, contando las trabas que le ha puesto la sociedad a este sector de la población y aún sufriendo la marginación de la inmersa mayoría, han formado una federación deportiva propia e incluso organizan sus juegos olímpicos, los llamados “Gay Games”. Los últimos Juegos europeos fueron celebrados en Barcelona (2008) con 5.314 participantes y 30.000 espectadores.

Es una lástima que en pleno siglo XXI sigamos viviendo estas desigualdades, puesto que la práctica deportiva es un derecho universal del que todos deberían poder disfrutar.

Referencia bibliográfica:

Becerra-Fernández, A. (2003): Transexualidad. La búsqueda de una identidad. Madrid: Día de Santos.