Por Ainoa Roldán Aliaga,
estudiante de Diseño curricular de la EF
estudiante de Diseño curricular de la EF
Desde el pasado jueves a mediodía hemos sido testigos de un acontecimiento nada agradable para el deporte español, un nuevo escándalo de dopaje. Tanto los medios escritos, como los audiovisuales o los radiofónicos se han hecho eco de la noticia y, además de lo obvio, yo me planteo algunas preguntas: ¿por qué sólo acaparan portadas otros deportes que no son el fútbol cuando surge un escándalo de éste tipo? Véase también el caso Contador, aún sin solucionar y que después de esto adquiere más fuerza la sospecha; ¿Qué lleva a los deportistas de alto rendimiento a cometer estos actos? ¿Qué sienten los niños de las escuelas deportivas al ver sus mitos caídos? ¿Qué hace la sociedad al respecto?
El tema del dopaje está ya muy visto, por desgracia, en nuestro deporte y, desde aquí, lo que me gustaría sería plantear un enfoque desde el punto de vista de la educación física, de cómo nuestra materia podría ofrecer una alternativa.
La sociedad actual vive una crisis de valores importante, no hay más que pararse a escuchar cualquier telediario o leer cualquier periódico para ver que “hecha la ley, hecha la trampa” y siguiendo este ideal el mundo del deporte no iba a ser menos. La WADA (World Anti-Doping Agency) actualiza cada año una lista de sustancias prohibidas que favorecen el rendimiento de los deportistas, pero muchos o buscan otras sustancias para evitar ser sancionados o ni se preocupan por si serán “pillados”, las consumen y ya se verá.
El gran escándalo de estos días se ha destapado porque uno de los deportistas sancionados, Paquillo Fernández, ha colaborado con la policía para ver reducida su sanción. Sólo escuchar esto ya plantea un sentimiento de rabia importante porque mientras se dopaba no declaró nada, obviamente se beneficiaba, pero ahora ¿qué es un “chivato” porque quiere volver a competir? ¿Traiciona a sus colegas? ¿Cómo sabemos que volverá a competir sin tomar ninguna sustancia? Con esto no estoy justificando nada, al contrario pienso que si es una forma de acabar con el problema adelante pero no creo que rebajar la sanción sea una buena recompensa pues el acto sigue siendo el mismo.
Por otro lado, lo nuevo de este caso, llamado por los agentes policiales “Operación Galgo” es que la considerada mejor deportista del año, Marta Domínguez, es sospechosa de traficar con sustancias dopantes. No sé qué es peor si doparse o ser traficante y beneficiarte del mal ajeno y que conste que no estoy acusando a nadie, es inocente hasta que se demuestre lo contrario, para mí también es una leyenda. ¿Es tanta la tentación del que tiene mucho y quiere tener mucho más? ¿Se sienten satisfechos cuando ganan sabiendo que no ha sido gracias a su esfuerzo? ¿Qué sentido entonces tiene el deporte de alto rendimiento?
Creo que, en este punto, es donde la educación física puede jugar un papel muy importante y, hoy en día, no lo estamos aprovechando. Se sigue explicando lo que es un calentamiento, las reglas de un deporte concreto o la técnica de esos deportes pero ¿está preparado el profesor de educación física para explicar la caída de un mito por culpa del doping? Hablar de competencias básicas no es solo relacionar la educación física con otras materias, pienso que es crear una unión entre las materias que se imparten en los colegios con la sociedad en la que vivimos, no podemos enseñar una realidad y salir y encontrarnos otra. Debemos explicar a nuestros alumnos que el dopaje está a la orden del día, que cualquiera que se dedique al alto rendimiento estará tentado a ello pero que deben recordar porqué han querido seguir en la competición, pensar en el camino que han recorrido y en que no se puede renunciar a unos valores de trabajo y constancia por un poco más de dinero, que no tiene sentido “meterse” nada porque al final te van a coger y nada de lo que hayas hecho, con o sin dopaje, va a servir porque habrán perdido toda credibilidad. No debemos confiar en lo que transmite el deporte de manera intrínseca porque después de todo hay algo extrínseco que lo corrompe, debemos proporcionar los medios para hacer frente a esa perturbación externa.
Hoy el ejemplo de muchos niños y niñas son estos deportistas sospechosos. Quizá si el ejemplo estuviera en el aula, el mito no sería tan grande y la caída no sería tan fuerte. El deporte es sinónimo de valores como la constancia, el esfuerzo, el compañerismo, la cooperación… ¿qué es lo que ha pasado? ¿No era verdad esto que nos decían o es que al crecer nos cegamos con todo aquello que se pretende evitar desde el deporte?