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dissabte, 27 de novembre del 2010

Reflexión de una película: American History X

Por Alberto Barberá Navarro,
estudiante de Diseño curricular de la EF

Pocas películas, charlas, clases o discursos han logrado conmoverme y hacerme reflexionar tanto como la película American History X (1998), dirigida por Tony Kaye. La película trata sobre la tremenda importancia que tiene la educación a la hora de formar, instruir y prevenir conductas intolerantes y racistas, aunque su mensaje principal es la relevancia de aprender a pensar por uno mismo.



La historia se desarrolla a través de los ojos de Danny Vinyard (Edward Furlong), que admira a su hermano Derek (Edward Norton). Inicialmente, se nos muestra cómo Derek se va transformando, poco a poco, debido al gran número de influencias externas. Dichas influencias le llevan a adquirir una filosofía de odio y una actitud intolerante hacia la gente que no es de raza blanca. Sus acciones, cada vez más serias y de índole criminal, finalmente culminan en un asesinato y una pena de prisión para él. Allí, Derek se da cuenta de qué es lo que hay detrás de todo el odio y todos los prejuicios, descubre que la gente a la que antes odiaba no es diferente de él y cae en el error en el cual ha estado todo ese tiempo. Cuando sale de la cárcel tiene que reeducar a su hermano Danny, el cual ha sido engañado y manipulado de la misma manera que él.

Últimamente, se habla mucho del currículum y de la orientación del proceso educativo en las escuelas. Según algunos estudiosos (la mayoría catedráticos en derecho, economía y finanzas), la escuela tendría que ser un lugar en el cual se instruyera a los alumnos y se les enseñara a ser individuos lo más productivos posibles. En esta película podemos observar los peligros de dicho planteamiento, los riesgos de no enseñar a las personas a pensar por ellas mismas para de esta manera no dejarse adoctrinar ni manipular por ideologías de cualquier signo. Las escuelas, institutos y centros educativos de jóvenes no tienen nunca que limitarse a la formación técnica de sus alumnos, sino que deberían enseñar a discernir entre el bien y el mal, a pelear contra aquellas conductas que fomenten el resentimiento y la intolerancia, descubriendo y eliminando el odio y el racismo… aunque por encima de todo se tiene que enseñar a los jóvenes a ser capaces de tomar la decisión correcta ante las situaciones que seguro se darán en su vida futura.

Incluso una vez Danny ya está dentro del grupo, la película muestra que la única manera de hacer que alguien abandone esta manera de pensar es a través de la educación. La educación es importante en todas las etapas de nuestra vida, es siempre el mejor de los antídotos contra todas aquellas conductas antisociales que alejan al individuo de la realidad de la sociedad, utilizando siempre la razón y el diálogo como medios fundamentales de convivencia en nuestra sociedad y nuestro entorno. En la película, Derek nunca rechaza la expresión violenta de sus pensamientos e ideales. Esta vía fanática, lo único que le trae son desgracias a él y a todos los que le rodean, hasta que finalmente él mismo vive en sus propias carnes la crudeza y el dolor de esa violencia que lo había tenido esclavizado.

Está claro que una persona no nace siendo racista; es algo que se aprende a través del medio ambiente y viene influenciado por el medio y las personas que te rodean. Es de vital importancia el papel de la escuela y del entorno del individuo. El papel del profesor viene a ser igual o más importante que el de la familia, ya que el niño pasa prácticamente la mitad de su tiempo entre los muros del colegio o del instituto. Son dos los factores que ayudan a Danny a salir del mundo racista en el que se encuentra: su hermano y el director del instituto.

Finalmente, quisiera destacar un momento de vital importancia en la película. Al inicio de esta historia están jugando los skins contra la principal banda afroamericana del barrio:


En este momento, reconocemos el deporte como una herramienta, pero no de igualdad o de solidaridad, sino un instrumento de separación, de odio y de racismo. Esto nos debe enseñar varias cosas, la primera y principal: no es suficiente con coger un balón y poner a los alumnos a jugar a algo. Tenemos que saber exactamente qué es aquello que queremos transmitir, cuáles son esos valores que queremos que nuestros alumnos adquieran y defienden de cara al futuro. Si no lo hacemos así, no estaremos dando el correcto uso a un arma que, bien utilizada, puede convertirse en un instrumento valiosísimo a la hora de luchar contra la desigualdad, la excesiva competitividad de la sociedad de hoy en día, el odio, el racismo, los fundamentalismos, los fanatismos y las injusticias.